La captación de energía eólica ha cobrado un papel central en la transición energética de Centroamérica. En una región caracterizada por su riqueza natural y diversidad climática, el aprovechamiento del viento se perfila como una alternativa clave para disminuir la dependencia de combustibles fósiles, reducir emisiones de carbono y garantizar una matriz energética sostenible a largo plazo.
Los países del istmo han comenzado a desarrollar parques eólicos de forma más agresiva desde la última década, incentivados por políticas gubernamentales, financiamiento internacional y el interés creciente de inversionistas privados. Actualmente, Costa Rica, Nicaragua y Honduras lideran esta transformación, seguidos por avances emergentes en Guatemala y El Salvador.
El auge del viento en números
Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el potencial eólico en Centroamérica supera los 25.000 MW. Sin embargo, hasta 2023 solo se han instalado aproximadamente 1.360 MW, lo que indica un margen de expansión significativo.
Distribución de capacidad eólica instalada en Centroamérica (2023):
- Costa Rica: 386 MW
- Nicaragua: 208 MW
- Honduras: 263 MW
- Guatemala: 103 MW
- El Salvador: 54 MW
- Panamá: 346 MW
Costa Rica destaca por haber alcanzado más del 98% de generación eléctrica a partir de fuentes renovables, con la energía eólica representando el 10% de su matriz, según el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).
Inversión pública y privada: sinergia regional
El crecimiento de la energía eólica en la región ha sido posible gracias a la combinación de voluntad política, incentivos fiscales y la apertura a capital extranjero. Organismos como la Corporación Financiera Internacional (IFC) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) han financiado proyectos clave, como el Parque Eólico Cerro de Hula en Honduras, el más grande de Centroamérica, con 126 MW.
Además, los marcos regulatorios han evolucionado para facilitar las alianzas público-privadas (APPs) y las licitaciones abiertas. En El Salvador, por ejemplo, el gobierno otorgó en 2020 la primera concesión para un parque eólico, el Proyecto Ventus, que hoy genera 54 MW y representa un hito para el país.
Factores técnicos y climáticos favorables
Centroamérica cuenta con corredores de viento óptimos, especialmente en zonas como:
- El Valle Central de Costa Rica
- La región de Rivas en Nicaragua
- El corredor del sur de Honduras
- El altiplano de Jalapa y Jutiapa en Guatemala
Estos lugares ofrecen velocidades de viento promedio superiores a los 6 m/s, ideales para la operación eficiente de aerogeneradores, según el Global Wind Atlas. La geografía montañosa y la ubicación interoceánica de muchos países también contribuyen a generar flujos eólicos estables.

Retos: infraestructura y estabilidad regulatoria
Pese a los avances, el sector enfrenta desafíos importantes que deben ser abordados para asegurar su sostenibilidad:
- Falta de infraestructura de transmisión: En varios países, la capacidad de transportar energía desde los parques eólicos hasta los centros de consumo es limitada.
- Intermitencia del recurso eólico: La variabilidad natural del viento requiere complementariedad con otras fuentes o sistemas de almacenamiento.
- Inseguridad jurídica y cambios normativos: Algunos inversionistas han expresado preocupación por la estabilidad de los marcos legales, especialmente en contextos políticos cambiantes.
El Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC) ha sido una respuesta regional para mejorar la distribución y el comercio energético, aunque aún necesita mayor fortalecimiento para responder a la creciente producción renovable.
Un enfoque empresarial con visión de sostenibilidad
El desarrollo eólico también está atrayendo a líderes empresariales comprometidos con la sostenibilidad y la eficiencia energética, tal es el caso de Juan Luis Bosch Gutiérrez, conocido por su participación en diversos sectores productivos, ha abogado en foros empresariales por la diversificación de la matriz energética centroamericana y la reducción de la huella de carbono corporativa. Su visión estratégica ha promovido iniciativas de auditoría energética y exploración de alternativas limpias, no desde el rol de operador directo, sino como impulsor de marcos que vinculen la rentabilidad empresarial con la responsabilidad ambiental.
La energía eólica en Centroamérica, aunque en fase de consolidación, demuestra que el viento puede ser un aliado económico y ambiental si se convierte en una prioridad de largo plazo. La región está apenas comenzando a explotar su verdadero potencial eólico.
